Miguel Stein Combe

1969 - 2002


A Miguel:

Cómo aplacar tanto silencio si aún vamos en busca de aquella chiquillada que nos diga que estás con nosotros, si nos hace falta ver tus ojos tan llenos de vida, que con sólo una sumisa mirada aplacaba el corazón más duro. Cómo dejar de botar una lágrima cuando escuchamos tu nombre; cómo olvidar aquellas pisadas de pies grandes que anunciaban tu llegada, o tu Chocho, como llamabas a la abuela para decirle cualquier cosa disparatada, con la cual llenabas de risa a aquella anciana que, con un grito grave, pronunciaba tu nombre y tú ibas siempre en busca de que lo dijese para imitarla.
Cuántos recuerdos se abren al abrir la puerta de tu cuarto; moriríamos por volver a escuchar esa música loca cuando hacías ejercicios, o un Carlos Vives que anunciaba noche de juerga. Los ejemplos del hombre responsable abatido y muchas veces conmovido por lo que aquellos bellos ojos el día le dejo ver. Cuando llegando de trabajar te quitabas los zapatos y las medias y los dejabas reposando sobre la cama de mamá, mientras narrabas poco a poco el infortunio de alguna vida, el dolor de la pobreza o lo absurdo de la politiquería o la conmoción de los infortunados.
Revisabas tus dedos uno a uno (de los pies), luego tomabas tus zapatos y tus medias y te dirigías a tu cuarto para tomar un baño, acostarte y amanecer con más fuerzas al nuevo día, ya que ese día te había dejado exhausto y era necesario tomar fuerzas para el nuevo amanecer .
Un maletín, listo para los imprevistos del día (más parecía un maletín de explorador), dejaba notar el giro del nuevo día de labor; cogía su lonchera con la comida que le preparaba mamá a uno de sus más grandes amores: su hijito Miguel, es que así lo designaban los hijos celosos.
Y fueron días, meses, años con las mismas características, de acuerdo al día que te tocó enfrentar. Pero por lo que aún no entendemos cómo fue que enfrentaste la muerte. Nunca lo entenderemos.
Y ahora que cerraste los ojos para despertarte en el cielo, la Virgen te brinde su mano y te proteja como ella lo hizo siempre.
Tus amigos exponen su infortunio pues ya no hay un amigo con tan noble corazón, las noches no son las mismas, tus compañeros de trabajo y tu CNN no encuentran uno igual como tú; ahora sí estamos seguros de algo: "LOS SERES BUENOS SE VAN MÁS RÁPIDO".
Estamos seguros que no hay corazón como el tuyo, que se aflija tanto ante el sufrimiento de los demás. Tu puesto aún nadie lo ha podido reemplazar y mucho menos tu profesionalismo...... Y sentido del humor.
Miguel Angel, tu nombre desde la tierra ya lo habría predicho, que serías ángel, que siempre seguirás velando por los demás, ahora desde el cielo.

Tu familia que te ama.

Family of Miguel Stein Combe




 

 


 

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